Las pirámides son sin duda alguna, uno de los referentes de Egipto. Estas maravillosas creaciones son una obra arquitectónica construida con gran esfuerzo. Hoy pretendo explicar un poco de cómo se alzaron estos monumentos en el antiguo Egipto.

Los constructores de las pirámides egipcias no contaban con muchos recursos tecnológicos, pero sí con una gran reserva de mano de obra. El historiador griego Herodoto, considera el “Padre de la Historia” nos dice que se utilizaron alrededor de cien mil hombres en la construcción de una pirámide, aunque este dato se considera poco creíble. Hoy en día se calculan que podrían haber sido entre 20.000 y 40.000 trabajadores los que llevaban a cabo estos proyectos de gran envergadura.

Los trabajos en las pirámides podían hacerse durante los tres meses estivales en los que la inundación del Nilo impedía las tareas agrícolas, por lo tanto, los trabajadores se dedicaban a otra ocupación que les garantizaba un salario. Además, las inundaciones permitían el transporte de las enormes piedras necesarias para la construcción.

Tendemos a imaginar un Egipto repleto de esclavos jalando sogas para transportar enormes bloques de piedra bajo el impiadoso sol africano, y para modificar un poco esta explotadora visión del Antiguo Egipto, resulta curioso saber que entre ellos existieron las organizaciones laborales que ayudaron a los trabajadores de las pirámides.

En el Congreso Internacional de Egiptología realizado en Turín en 1991 nos brindó una nueva visión, contraria al pensamiento tradicional de explotación de los pobres trabajadores torturados. Los egiptólogos han demostrado que estos tenían corporaciones similares a nuestros modernos sindicatos. Además, no se trataba de esclavitud, sino que contaban con un salario que consistía en raciones de trigo, cerveza, legumbres, pescado y un ungüento bronceador ya que tenían que trabajar muchas horas al sol. Según el punto de vista puede parecer esclavitud, pero explícitamente no lo es ya que contaban con un salario y con “organizaciones” que velaban por su bienestar.

Entre los motivos de ausencia justificada estaban las enfermedades, la mordedura de escorpión, la construcción de su propia casa, la celebración del culto funerario de su padre, los cumpleaños y sorprendentemente al menos para mi, las peleas con la mujer. Las ausencias injustificadas sí eran castigadas a bastonazos.

Las organizaciones laborales llegaron incluso a organizar huelgas motivadas, por ejemplo, por insuficiencias en los lugares de alojamiento, retraso en el pago y falta de ungüentos. Cuando los obreros se enojaban, no era fácil hacerlos volver al trabajo. Al parecer, más de una vez el propio faraón tuvo que hacerse cargo de hablar con los huelguistas para resolver la situación. Ese era el último paso para hacerlos volver a trabajar.

(Imagen extraída de medusa.unimet.edu.ve)